ESTUDIO DE ARQUITECTURA

Encontramos un pequeño y destartalado local de dos plantas bien ubicado cuyo espacio principal, a doble altura y con proporción estrecha y alta se asemejaba al espacio principal de las viviendas de las Unité d´habitation corbuserianas. Un espacio así no se podía despreciar. Estaba hecho, bastaba con renovar las instalaciones, los acabados y la ruinosa y desafortunada fachada. En ella se instaló una obra de arte abstracto del mejor artista jamás habido: la Naturaleza. Se trata de un panel de ónice traslúcido con una espectacular diversidad cromática que se disfruta tanto desde el exterior como desde el interior del local y que inevitablemente recuerda y homenajea a las obras cumbre del periodo europeo del maestro Mies Van der Rohe. En la zona a doble altura de este pequeño pero interesante espacio se ubicó, en honor a clientes y visitantes, la mesa de atención al público, arropada por dos materiales nobles de atemporal belleza: la espectacular piedra de ónice y la madera de iroko.

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