CLÍNICA DENTAL EN BILBAO

Se deseaba crear una clínica amable y amiga que alejase el habitual temor al dentista.
En contraposición a los claustrofóbicos vidrios mateados utilizados habitualmente en las fachadas de este tipo de establecimientos, para preservar la necesaria intimidad sin coartar la sensación de libertad que otorga el disponer de vista libre hacia el exterior,  se dejaron franjas de vidrio transparente por encima de la altura de la vista de los viandantes y en algunos otros puntos estratégicos concretos, creando en el resto una piel tersa de acero blanco rasgada por estrechas bandas horizontales que alojan vidrios serigrafiados con estampas de hojas de árboles autóctonos primaverales y otoñales. Durante el día se presentan al interior como un tapiz de color iluminado por el sol, y de noche, merced a la luz del interior, hacen que las fachadas se conviertan en festivos farolillos que alegran los soportales del edificio.
El interior se presenta luminoso y acogedor gracias al blanco resplandeciente y a la madera natural de pino autóctono de la zona, utilizada en forma de económicos paneles contrachapados manipulados de manera no convencional para poner en valor también la expresividad de sus cantos, habitualmente denostada, generando un abstracto y enriquecedor collage de cálidas texturas.